Por todo el ayuntamiento abundan las pruebas de un poblamiento precoz, los primeros vestigios se remontan al Neolítico, hace cinco mil años. Habitado en tiempos remotos por los Íberos, pueblo agrícola y pacífico, a Mértola llegan los fenicios, los griegos y los cartagineses, en una ocupación que tenía como fin el control de las rutas comerciales. A lo largo del tiempo, la historia y la ocupación de Mértola está determinada por su condición de punto más extremo de navegabilidad del río Guadiana, localización vital para las rutas comerciales del Mediterráneo. Se le suma a esto su posición estratégica, en la cima de una elevación rodeada por el río Guadiana y por la ribera de Oeiras, que le proporcionaba unas excelentes condiciones naturales de defesa.

La romanización de Mértola tuvo lugar a lo largo del siglo II a.C., con la ocupación efectiva del territorio, verificándose en la segunda mitad de ese siglo. Denominada Iulia Myrtilis o Myrtilis Iulia, la importancia de la ciudad y de su actividad comercial de entonces está hoy en día atestiguada por el estatutario, las fuentes escritas, las monedas y los múltiples hallazgos arqueológicos encontrados en la villa a lo largo del tiempo. En la Antigüedad Tardía, Myrtilis mantuvo su importancia económica y su vocación mercantil. Llegan los primeros evangelizadores cristianos y en la arquitectura religiosa el período es testigo de la edificación de las primeras construcciones cristianas de las que es ejemplo la Basílica Paleocristiana de Rossio do Carmo. La convulsión militar que sacudió al imperio romano creó situaciones de inseguridad e inestabilidad en la ciudad. En el ayuntamiento surgieron vestigios de comunidades visigodas tal y como lo certifican los hallazgos arqueológicos expuestos actualmente en la Torre del Homenaje del Castillo de Mértola.

Con la invasión de los pueblos del Norte de África, liderados por Tarik en el año 711, Mértola reafirma su función comercial y refuerza su condición de puerto más Occidental del Mediterráneo. La conquista cristiana tuvo lugar durante el reinado de D. Sancho II, por el comendador de la Orden de Santiago, Paio Peres Correia, en 1238. El territorio se le donó entonces a la Orden de los Caballeros de Santiago y, progresivamente, fue perdiendo su importancia comercial. En 1512, D. Manuel I le concede el Fuero a Mértola y durante los siglos XVI y XVII, el puerto logra un nuevo fulgor con la exportación de cereales a los territorios portugueses ocupados en el Norte de África.

Ya a finales del siglo XIX, el descubrimiento y la explotación del filón minero de la sierra de Santo Domingos le dio un nuevo impulso a las tierras de Mértola. La población registró un aumento considerable y a lo largo de los 112 años de actividad se extrajeron del subsuelo cerca de 25 millones de toneladas de minerales (principalmente cobre).

Con el declive de la explotación minera el ayuntamiento asiste a un éxodo poblacional masivo, entre 1961 y 1971 pierde más del 50% de su población para no recuperarla nunca más.

En los años ochenta la intensa actividad arqueológica dio a conocer todo el pasado grandioso de la villa atestiguando el vasto patrimonio descubierto en sucesivas excavaciones por todo el ayuntamiento. Mértola logra el título de villa museo y la historia de un pasado remoto se convierte en un factor de desarrollo y en el fin de una renovada fe en el futuro.

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